El cielo llora
y las calles se
hacen espejos.
Obligándonos a ver nuestro reflejo.
Porque siempre
cuando llueve
ocultamos nuestros rostros,
y vamos
mirándonos a los pies
Nos vemos tan cubiertos
de todo lo que sobra
que olvidamos
lo que llevamos dentro.
Esa piel de los afectos.
Que siempre cubrimos
con la gruesa capa
de la indiferencia
la soledad y el silencio.
Sólo tendemos a esquivar
nuestra realidad
porque nuestros pies
no queremos mojar.
Vamos sorteando espejos.
Mientras…
el cielo llora
y la luna palidece
junto a nuestro triste reflejo
cuando las calles se
hacen espejos.
ADE PEREIRA

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