Desearía muchas veces no ser yo al que
escuchara ciertas palabras, dejar que mi mente eligiera cada instante que
valdría aceptar sin que el dolor sea el protagonista de tanto desespero.
Solo que la vida es como es, discurre sin
escoger momentos ni instantes, cada
persona tiene un entorno que ha ido construyendo según la forma de vivir.
Con el tiempo uno se da cuenta de los que
realmente te rodean y con los que puedes contar para un desahogo, para un
instante de debilidad, para no llegar a decaer del todo cuando las fuerzas te
indican que tires la toalla. Lo que pasa es que muchas veces es alguien
desconocido que te tiende esa mano amiga, a la que te aferras con todas las
ganas que puedes y aún te quedan, eso podría decirse de más de una persona en
general.
Cuando el dolor te embarga las ganas de
seguir, cuando te preguntas donde te has equivocado, que haces para que el
mundo te dé la espalda, que erro has cometido para pagar todos de una sola
tacada, que has hecho con la vida para que solo puedas refugiarte en lagrimas y
mirar cómo se desgarra tu alma sin que nada ni nadie pueda consolarte.
Puede ser también porque algunos somos quizás
más sentimentales y nos aferramos a una migaja de cariño, ternura o dedicación,
lo que pasa después es como vulgarmente se suele decir “el palo es más grande”.
Cuando nos educan deberían darnos un manual
contra el dolor, las palabras vanas y huecas, para esas pequeñeces que se nos
clavan en las entrañas y dejan una herida tan doliente que no existe nada que
la consiga acallar. Porque la mayoría solo oye y no se detiene unos instantes a
escuchar palabras que salen del alma sin
cualquier otro significado solo buscando el concepto de la frase que realmente
inspira sentimientos acumulados en un desaire.
No sé se todas estas palabras que mi mente
está dejando reflejar a través de mis pensamientos son solo fruto de unas horas
ambiguas que hacen que brote de alguna manera el dolor que me carcome el alma.
Lo que si estoy segura es que cada mueca de tristeza que me embargue hace que
mi vida tenga más sentido de lucha por superarme y dejar que cada pedacito de
mi corazón desgarrado vuelva a curarse con la fuerza con la cual pretendo
olvidar el dolor. El camino es arduo cuando la persona es equivocada y te deja
hecha añicos la confianza, pero la esperanza no se desvanece por el dolor
infringido, todo lo contrario aumenta la autoestima y prevalece la desazón de
querer seguir el camino con más animo y fuerza buscando un escape para amortiguar mi dolor y transformarlo en
palabras de aliento y como no, un día un buen Amigo me dijo: …después de la
tormenta sale el sol.
