sábado, 17 de septiembre de 2011

PALABRAS


Desearía muchas veces no ser yo al que escuchara ciertas palabras, dejar que mi mente eligiera cada instante que valdría aceptar sin que el dolor sea el protagonista de tanto desespero.
Solo que la vida es como es, discurre sin escoger momentos ni  instantes, cada persona tiene un entorno que ha ido construyendo según la forma de vivir.
Con el tiempo uno se da cuenta de los que realmente te rodean y con los que puedes contar para un desahogo, para un instante de debilidad, para no llegar a decaer del todo cuando las fuerzas te indican que tires la toalla. Lo que pasa es que muchas veces es alguien desconocido que te tiende esa mano amiga, a la que te aferras con todas las ganas que puedes y aún te quedan, eso podría decirse de más de una persona en general.
Cuando el dolor te embarga las ganas de seguir, cuando te preguntas donde te has equivocado, que haces para que el mundo te dé la espalda, que erro has cometido para pagar todos de una sola tacada, que has hecho con la vida para que solo puedas refugiarte en lagrimas y mirar cómo se desgarra tu alma sin que nada ni nadie pueda consolarte.
Puede ser también porque algunos somos quizás más sentimentales y nos aferramos a una migaja de cariño, ternura o dedicación, lo que pasa después es como vulgarmente se suele decir “el palo es más grande”.
Cuando nos educan deberían darnos un manual contra el dolor, las palabras vanas y huecas, para esas pequeñeces que se nos clavan en las entrañas y dejan una herida tan doliente que no existe nada que la consiga acallar. Porque la mayoría solo oye y no se detiene unos instantes a escuchar  palabras que salen del alma sin cualquier otro significado solo buscando el concepto de la frase que realmente inspira sentimientos acumulados en un desaire.
No sé se todas estas palabras que mi mente está dejando reflejar a través de mis pensamientos son solo fruto de unas horas ambiguas que hacen que brote de alguna manera el dolor que me carcome el alma. Lo que si estoy segura es que cada mueca de tristeza que me embargue hace que mi vida tenga más sentido de lucha por superarme y dejar que cada pedacito de mi corazón desgarrado vuelva a curarse con la fuerza con la cual pretendo olvidar el dolor. El camino es arduo cuando la persona es equivocada y te deja hecha añicos la confianza, pero la esperanza no se desvanece por el dolor infringido, todo lo contrario aumenta la autoestima y prevalece la desazón de querer seguir el camino con más animo y fuerza buscando un escape  para amortiguar mi dolor y transformarlo en palabras de aliento y como no, un día un buen Amigo me dijo: …después de la tormenta sale el sol.

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