Cautiva de mi propio destino,
Olvidada a mi suerte,
Maldita por mi propio dolor,
Por los golpes que recibí.
Presa de mis propias pasiones...
Encerrada en mi propia culpa
En una cárcel de dolor.
Rea de este lugar que asfixia
Robando todas mis ilusiones,
Sin poder ver la luz, sin alcanzar tu alma
Ni rizar tu piel de luna.
Alejada de todo,
Arrastrando mí saco de piedras
Como eterno castigo.
Cansada, hastiada, marcada
Anhelando el calor
Sentir su esencia en el aire.
Recordar lo que era una sonrisa
Una caricia, un susurro.
Desear ver el brillo de una mirada dulce
Conocer el sabor de tu miel
Alcanzar esos labios
Y esos brazos en los que sucumbir
Para redimir mi soledad, limpiar mis lágrimas.
El tiempo se acaba, sigo atada de pies y manos
Alejada de ti…el instinto cierto de ansiarte
Hasta consumirme, torturada con tu reflejo,
Soñando con amores que jamás conoceré.

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